¿Qué son los anticuerpos rebeldes, involucrados en 1 de cada 5 muertes por COVID-19?

4660A9A1-1317-4A47-AA0C-3A7B00B0EB2D
PHOTO-2021-02-01-11-38-37
WhatsApp-Image-2021-02-08-at-9.49.31-AM-300x300
jd letreros
D7F4F620-7C8D-442E-BA8D-23F67C6DE63B
CD03BD4F-CF11-4707-BB99-84C9271343C4
Tienda Jiménez
Playero
4CD39034-DFC0-45F6-AB78-9DB9A2B42994

Lee y Comparte

Shares

Las defensas contra los patógenos que amenazan a nuestro organismo diariamente están constituidas por el sistema inmunitario que incluye ciertos tipos de glóbulos blancos al igual que sustancias químicas y proteínas de la sangre, como los anticuerpos y proteínas (interferones).

Algunas de éstas atacan directamente las sustancias extrañas en el cuerpo, mientras que otras trabajan juntas para ayudar a las células del sistema inmunitario a realizar su trabajo.

En esa lucha armada que ocurre en nuestro cuerpo, los linfocitos, que son un tipo de glóbulos blancos y los hay del tipo B y T, cobran real importancia y son verdaderos protagonistas. Así, los linfocitos B se convierten en células que producen anticuerpos.

Los anticuerpos se adhieren a un antígeno específico y facilitan su destrucción. Mientras que los linfocitos T atacan los antígenos directamente y ayudan a controlar la respuesta inmunitaria. También liberan químicos, conocidos como citoquinas, los cuales controlan toda la respuesta inmunitaria.

A medida que los linfocitos se desarrollan, aprenden normalmente a diferenciar entre los tejidos corporales propios y las sustancias que normalmente no se encuentran en el cuerpo. Una vez que se forman las células B y T, algunas de ellas se multiplican y brindan “memoria” para el sistema inmunitario. Esto permite responder más rápida y eficientemente la próxima vez que una persona se exponga al mismo antígeno y, en muchos casos, impide que se enferme.

Existen anticuerpos rebeldes o auto-anticuerpos que terminan por atacar las propias células, tejidos y órganos del cuerpo, causando inflamación y daño (gentileza Universidad de Ottawa)

Normalmente, los anticuerpos atacan a los patógenos para defender al cuerpo de las agresiones, pero a veces, anticuerpos rebeldes bloquean componentes corporales como las células inmunes. En estas ocasiones, el sistema inmunitario termina reaccionando contra uno o más antígenos propios, generando una superproducción de estos anticuerpos rebeldes o auto-anticuerpos. Estos auto-anticuerpos terminan por atacar las propias células, tejidos y órganos del cuerpo, causando inflamación y daño. Muchas enfermedades autoinmunes tienen su etiopatogenia en la sobreproducción de este tipo de anticuerpos, casos típicos son el lupus eritematoso sistémico y la artritis reumatoide. El nombre se deriva del griego “auto” que significa “propio”, “anti” que quiere decir “contra” y “cuerpo”.

Pero científicos y médicos han observado últimamente que los auto-anticuerpos de algunas personas también juegan un papel importante en las defensas propias que tienen para combatir al coronavirus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad COVID-19. Según un gran estudio internacional realizado en los últimos días y publicado en la revista Science Immunology, los auto-anticuerpos están presentes en una pequeña proporción de personas sanas y no infectadas por coronavirus y su prevalencia aumenta con la edad, lo que puede ayudar a explicar por qué las personas mayores tienen un mayor riesgo de sufrir COVID-19 grave.

Dirigidos por el inmunólogo Jean-Laurent Casanova de la Universidad Rockefeller en la ciudad de Nueva York, los investigadores encontraron que alrededor del 10% de las personas con COVID-19 grave tenían auto-anticuerpos que atacan y bloquean los interferones tipo 1, moléculas de proteínas en la sangre que tienen un papel fundamental en la lucha contra las infecciones virales.

Este estudio científico respalda una investigación de octubre de 2020 considerada un hito y avance clave frente al virus. “El informe inicial del año pasado fue probablemente uno de los artículos más importantes de la pandemia. Lo que han hecho en este nuevo estudio es realmente indagar para ver qué tan comunes son estos anticuerpos en la población general, y resulta que son asombrosamente prevalentes”, comentó el doctor Aaron Ring, inmunólogo de la Escuela de Medicina de Yale en New Haven, Connecticut, que no participó en este trabajo.

Científicos detectaron que alrededor del 10% de las personas con COVID-19 grave tenían auto-anticuerpos que atacan y bloquean moléculas que sirven para luchar contra el coronavirus (REUTERS/Alkis Konstantinidis)

El equipo de investigación internacional se centró en la detección de auto-anticuerpos que podrían neutralizar concentraciones de interferones más bajas y más fisiológicamente relevantes. Estudiaron a 3.595 pacientes de 38 países con COVID-19 crítico, lo que significa que los individuos estaban lo suficientemente enfermos como para ser ingresados en una unidad de cuidados intensivos. En general, el 13,6% de estos pacientes poseían auto-anticuerpos, con una proporción que oscilaba entre el 9,6% de los menores de 40 años y el 21% de los mayores de 80. Los auto-anticuerpos también estaban presentes en el 18% de las personas que habían fallecido a causa de la enfermedad.

Yanina Petracca, directora de las Licenciaturas en Biotecnología y Bioinformática de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) explicó a Infobae la importancia de esta investigación llevada adelante por más de 200 investigadores de todo el mundo, que descubrió que ciertos anticuerpos presentes en un porcentaje de la población dejan de cumplir con su función y están fuertemente asociados con el desarrollo de cuadros críticos de COVID-19.

“Estos resultados sugieren que, en los pacientes con auto-anticuerpos, se bloquean estas moléculas de interferón y se podría ver afectada la respuesta inmune contra el SARS-CoV-2, por lo tanto, aumentan las chances de desarrollar síntomas severos. Además, el grupo de investigación analizó 35.0000 muestras de personas sanas y encontraron que la prevalencia de estos auto-anticuerpos contra interferón aumenta con la edad. Mientras estos están presentes en el 0,18% de las personas analizadas de entre 18-69 años, este porcentaje aumenta al 1,1% entre los 70-79 y al 3,4% las personas entre 80-85 años.

Estos hallazgos ofrecen evidencias que permitirían explicar porque aumenta el riesgo de tener COVID-19 crítico a medida que aumenta la edad, afectando especialmente a los adultos mayores”, precisó Petracca.

Ciertos anticuerpos presentes en un porcentaje de la población dejan de cumplir con su función y están fuertemente asociados con el desarrollo de cuadros críticos de COVID-19 (NIAID - National Institute of Allergy and Infectious Diseases)

Y agregó: “En este mismo sentido, otro estudio global reciente identificó cuáles son las variantes en algunas de las regiones del genoma que se asocian con mayor susceptibilidad a contraer el virus, o bien, también a desarrollar casos severos de la enfermedad. Como comentan los autores, el descubrimiento de la asociación entre estos auto-anticuerpos y los casos críticos de COVID- 19 podría tener aplicaciones sanitarias relevantes, por ejemplo, priorizar la vacunación de las personas portadoras de estos auto-anticuerpos, aumentar las medidas de prevención en este grupo o dar un seguimiento más exhaustivo en caso de contagio”.

Durante la investigación llevada adelante, Casanova y sus colegas sospecharon que estos anticuerpos rebeldes eran una causa, más que una consecuencia, del estado crítico de una persona internada por COVID-19 grave. El grupo había encontrado previamente que los auto-anticuerpos estaban presentes en alrededor de 4 de cada 1000 personas sanas cuyas muestras se habían recolectado antes de la pandemia.

El equipo también encontró que las personas con mutaciones genéticas que interrumpen la actividad de los interferones tipo 1 tienen un mayor riesgo de padecer una enfermedad potencialmente mortal. “Hay un aumento masivo de la prevalencia con la edad. Esto explica en gran medida el alto riesgo de COVID grave en personas de la población anciana”, indicó Casanova y sugirió que los hospitales deberían controlar a los pacientes para detectar estos auto-anticuerpos, así como las mutaciones implicadas en el bloqueo de los interferones tipo 1.

Las personas con mutaciones genéticas que interrumpen la actividad de los interferones tipo 1 tienen un mayor riesgo de padecer una enfermedad potencialmente mortal (REUTERS/Alkis Konstantinidis)

“Considero que este estudio y otros estudios globales aportan información valiosa para seguir entendiendo las causas que determinan las diferencias en la manifestación clínica frente al SARS-CoV-2, que como todos sabemos van desde casos asintomáticas al fallecimiento de pacientes.Además, estas investigaciones incluyen datos de personas de todo el mundo en la búsqueda de que sus resultados sean representativos de lo que ocurre a nivel mundial, es decir, dando la posibilidad de identificar aquellos factores clave que afectan a todos los humanos a la vez que identificar posibles diferencias entre distintos grupos poblacionales, lo que también podrían tener valor clínico o sanitario”, concluyó Petracca.

Esta investigación también podría ayudar a vislumbrar si los auto-anticuerpos desempeñan un papel en la transmisión de otras enfermedades infecciosas.

SÍGUENOS EN LAS REDES SOCIALES

 

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.