El mensaje de Trump al bombardear a Siria

El primer éxito del presidente norteamericano, Donald Trump, en política exterior y la guerra, con el sorpresivo bombardeo al aeropuerto Shayrat en Siria, desde donde se presume fueron lanzados bombas de gases letales, lo deja bien parado y con un alto al deterioro de su imagen a menos de 100 días de su juramentación.

Sin embargo, con la acción el presidente Trump se apartó de dos de sus divisas en la campaña electoral y después: América primero y que las fuerzas armadas del país no estaban capacitadas y habían sido abandonadas por los anteriores gobiernos, notablemente el del presidente anterior Barack Obama.

El simbolismo del ataque con misiles Tomahauk el jueves, desde un destructor de la Marina frente a las costas de Siria, contra la base aérea de Shayrat, vecina a la ciudad de Homs, pudo ser una advertencia a Rusia, aliado del país medio-oriental y a Corea del Norte, que ha estado lanzando misiles como muestras de su poder nuclear.

 

Putin rechazó el ataque norteamericano como “un significativo golpe” a las relaciones de los dos países. Se cree que efectivos rusos que actúan en Siria a favor del gobierno pudieron haber participado en el bombardeo de gases letales contra la población de Ildib, Siria, o al menos tener conocimiento.

Pero Trump también apuntó hacia los congresistas y el liderazgo del Partido Demócrata y a los reluctantes del Partido Republicano, críticos con su administración y quienes obstruyeron aunque sin resultado positivo al final, la aprobación de su candidato a la Corte Suprema, el abogado Neil Gorusch.

La aprobación de Gorusch, que pudo fracasar si el Senado no modificaba su reglamento para eliminar el voto de las tres cuartas partes en lugar de la mitad más uno como ocurrió, era vital para el gobernante que quería una mayoría conservadora. Gorusch sustituye al juez Antonin Scalia, fallecido hace más de un año.

Ordena ataque en recepción
El presidente Trump ordenó el ataque contra la base aérea de Siria mientras ofrecía un banquete al presidente de China Popular, Xi Jinping, en su residencia de Mar-a-Lago, en las vecindades de Palm Beach, Florida. China oficialmente, hasta ayer, había mantenido distancia sobre el acontecimiento que agitó al mundo.

Al parecer los dos hombres públicos se enfocaron en asuntos de los intercambios comerciales bilaterales y en las amenazas de Corea del Norte, un aliado de China Popular, que ha venido haciendo experimentos con misiles de corto alcance pero que amenazan a Corea del Sur y al Japón.

El gobierno de Corea del Norte había advertido que su país “sería implacable” contra cualquier provocación de los ejércitos de los dos países y los Estados Unidos. Corea del Norte ha estado realizando ejercicios militares de calentamiento tanto en el mar y como en las cercanías de la frontera de su vecino del sur.

La advertencia del gobierno norcoreano del presidente Kim Jon-un se anticipa a los ejercicios militares que fuerzas norteamericanas, coreanas del sur y japonesas llevarán a cabo los días 13, 21 y 16 de abril, como una muestra del músculo de esos países y del apoyo de los Estados Unidos.

Los medios de China Popular, férreamente controlados por esa dictadura, mantuvieron un silencio disimulado mientras el presidente Xi Jinping cumplía su visita oficial de dos días al líder norteamericano. Tan pronto salió desde Palm Beach, Florida de vuelta a Pekín, las críticas de la prensa no se hicieron esperar.

La imagen de Trump, en el piso según la última encuesta de la Universidad Quinnippiac, que la colocó en 35% de aprobación de los electores, podría haber ascendido el fin de semana luego del bombardeo a Siria, estiman los observadores. Para el gobernante era vital mostrar las garras en el exterior y mejor la cara hacia adentro.

Trump hizo el anuncio, casi lacrimoso, en un aparte de la recepción que ofreció al líder chino.

Fue un discurso corto en el cual informó a su país que había ordenado el bombardeo, por la seguridad nacional y por las vidas de los hombres, mujeres y niños muertos y heridos por las secuelas del gas letal.

No obstante su determinación de castigar a Siria, como hizo el pasado jueves, la administración de Trump se apresta a enviar a Moscú al secretario de Estado, Rex Tillerson, que iba con una agenda más balanceada hacia los temas bilaterales, pero que ahora será imposible que no toque con su par ruso, Sergéi Lavrov, el tema Siria. Una incógnita es si Tillerson, cuyo nombre es muy conocido por Moscú, ya que como antiguo líder de la petrolera Exxon, manejó los negocios en ese país y el Mar Caspio, será recibido por el presidente Vladimir Putin. Si no ocurriera ese encuentro se daría una señal del gran disgusto de los rusos con Trump.

En el Senado de Estados Unidos, el presidente Trump obtuvo un rápido apoyo del senador John Mc- Cain, veterano de dos guerras y líder republicano. Su única Objeción fue que el presidente Trump no informó al Congreso. Lo mismo hizo el senador Tim Kaine, candidato vicepresidencial de Hillary Clinton.

Todo el tejemaneje entre las dos naciones ocurre en momentos en que persiste el debate sobre si el país de Putin interfirió en las elecciones del año pasado en los Estados Unidos, en contra de la candidata demócrata, Hillary Clinton, que al parecer no era la apuesta del gobierno ruso. La señora Clinton endosó con reparos la acción de Trump.

En Siria los rebeldes que luchan desde hace varios años contra el presidente Bashad al Assad, pidieron al presidente Trump continuar las acciones contra el gobernante sirio hasta su caída, que no se ha producido por el sostén de Rusia, ya que está enfrentado a ese sector, al Estado Islámico y al poderoso grupo Al Nusra aliado de Al Qaeda. Gran Bretaña, Alemania, Italia, España, Jordania y otros países aliados de los Estados apoyaron o justificaron el ataque contra la base aérea de Siria desde se cree que partieron los aviones que activaron las bombas químicas contra la población, que dejó más de 100 muertes, muchos heridos y enorme destrucción.

La prensa norteamericana acreditó gran dimensión a la cobertura del suceso, en algunos casos con endoso expreso de los presentadores de noticias. El presentador de noticias, Brian Williams, de NSNBC, fue objeto de críticas por lo que se entendió que fueron exageraciones en sus transmisiones.

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