La hija perfecta que pagó 10 mil dólares para que asesinaran a sus padres

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Tienda Jiménez
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Jennifer Pan tenía 24 años cuando encargó a un grupo de sicarios que mataran a sus progenitores. Sus mentiras se habían develado y decía que en su casa vivía un “arresto domiciliario”. Lo que salió mal del crimen, el juicio, las condenas y el debate que brotó en la sociedad: los cuestionamientos a los “padres tigre”

Tocaba el piano, tomaba clases de flauta, practicaba patinaje artístico, hacía ballet y natación. Todo indicaba que la vida de Jennifer Pan sería muy distinta a la que habían tenido sus esforzados padres que, para forjarse un futuro, trabajaban infinitas horas como operarios en una fábrica. Espigada, de pelo largo, lacio y castaño y mirada ingenua, Jennifer era a los ojos de la gente una hija excelente y estudiosa. Todo un logro para unos padres que habían llegado a Canadá, como refugiados vietnamitas, sin nada. El esfuerzo, decían ellos, era la clave para progresar. Por eso supervisaban que sus hijos fueran por el camino señalado.

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