La corrupción como propaganda

Parece ser que el tema obligado, el que se impone hoy día, es el tema de la corrupción. Y es bueno que así sea para esclarecer ciertos aspectos no tan turbios, por lo obvio, de nuestra sociedad. Sin embargo, uno mira a los agentes denunciantes, protagonistas de este desenfreno, y se pregunta ¿,Tienen estos tipejos calidad moral para reclamar, para denunciar? Y uno termina mirando la lista de los quejosos y concluye que la cosa no está muy clara. Dentro de ese grupo de «patriotas » prima un anhelo desenfrenado por la búsqueda de alguna amnesia social, de algún olvido. Un maestro, por ejemplo, que vive del erario sin educar a nadie, es un corrupto. Un supuesto empresario que promueve el desenfreno sexual, es un corrupto, una persona que se alimenta y alimenta a sus hijos, lo que es peor, del desorden, del narcotráfico, de la compra de voluntades, es un corrupto; un comunicador, periodista, o como se llame hoy dia, que promueve el desorden por asuntos personales y de intereses económicos, es un corrupto. Alguien que lo único que tenga para ofrecer a la sociedad sea un pasado oscuro de perversión y vandalismo, y lo ofrece, es un corrupto. Entonces, nadie tiene calidad moral para ofender la corrupción cuando ésta ha sido una conducta matizada de su deformación y de su vida, y, de paso, ofender al otro, a ese que no va contigo. El secreto de lo que se hace mal, de manera criminal, no te vulnera, que no se sepa es malo, pero cuando lo haces públicamente, sin sonrojo, procurando que esa sea tu única virtud, entonces, eres doblemente corrupto. La propaganda puede dar beneficios al delincuente, pero sólo frente a los cretinos que nada piensan. La denuncia de la supuesta corrupción del otro no te hará figura honorable, ni lo sueñes.

Por Omar Messon.-

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