La Consulta Médica, ¿Para qué?

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El ser humano y muy particular el hombre, es muy reacio para acudir voluntariamente a una consulta médica. No obstante, los tropezones y las dolorosas experiencias, van moldeando ese comportamiento.
Nos distanciamos un poco de los temas del momento para recordarles y recordarme, lo frágiles que somos por muy fuertes que pretendamos ser.
Que hay necesariamente que darse “un mantenimiento preventivo” en materia de salud.
Que a veces, los grandes compromisos de trabajo, nuestras múltiples obligaciones, el pluriempleo nos mantiene como esclavo y ni tiempo tenemos para “apretarnos una tuerca o cambiar una goma lisa”.
Llegamos a creernos imprescindibles. Gran error, que a veces –ojalá que no- pagamos con serias consecuencias de salud.
Y ese no descansar ni disfrutar en familia o entre amigos, de andar con “un truño y la cara seria”, más que seriedad lo que denota es amargura, preocupación, tristeza. Como rara señal de abandono por todo lo que sea vida, felicidad y alegría.
Es en ese estado de querer, pretender abarcarlo todo –el que mucho abarca, poco aprieta- donde ocurre la sorpresa para usted mismo y para sus amigos.
Un Accidente Cerebro Vascular ACV, un Infarto Agudo al Corazón…en el peor de los casos.
No siempre pero a veces, son fatales y no logramos recuperarnos. Otros se restablecen satisfactoriamente y hay quienes quedan con limitaciones de por vida.
La presión, las responsabilidades nos hacen olvidar que podemos disfrutar de la belleza de un amanecer, un atardecer, ver caer la lluvia como canta Pirela, “desde la ventana de mi apartamento”
Embelesarnos con el canto de las aves, disfrutar del crecimiento de nuestros hijos o nietos, recibir el perfume de las flores, cantar un viejo himno o canción junto a nuestros seres queridos, caminar descalzo en la arena a la orilla del mar…
¿Tienen esas bendiciones un elevado costo económico? Lo pensamos, cuando estamos en una sala de recuperación con varios “alambres y tubos conectados”.
Nunca sobra una consulta médica con un profesional de su extrema confianza, por aquello de que “pasmo con tiempo, tiene remedio”.

Via: Ramiro Francisco

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