La celebracion del dia del poder Judicial

Por Dr. Ángel Lockward.- La celebración hoy del día del Poder Judicial, acto al que acudió el Presidente de la República, encuentra a la Justicia en su peor momento en décadas, desprovista de credibilidad en absoluto; eso a pesar de que hay muchos jueces buenos, en todas las jurisdicciones.

La Justicia, atrapada en el tiempo y en la ineficacia de una gerontocracia congelada en el pasado, a partir del año 1997 tuvo notables mejorías gerenciales con Jorge Subero, quien con el tiempo paso a convertirse, por la permanencia en la cúspide, en un problema.

Pero nadie debe negar que en ese periodo, al aplicarse las modificaciones constitucionales y dejar el Senado de designar a los jueces, se despolitizó bastante.

De igual forma, dispuso desde entonces de independencia administrativa y financiera. La nueva SCJ, designada a la salida del Presidente Fernández, nació con multiplex cuestionamientos, básicamente, por estar constituida parcialmente, por dirigentes políticos, por primera vez en toda su historia y, en el caso de este año, se estremeció por las denuncias comprobadas de corrupción, que llevó a la destitución y suspensión de varios jueces, incluyendo consejeros del Poder Judicial: La Defensa de estos llevó el cuestionamiento hasta la cúspide en la pirámide judicial.

Caso extraño, todos los jueces involucrados a lo largo de los últimos años en escandalos, surgieron de la carrera Judicial. La des Suberización, necesaria, se hizo con criterio político y el uso de muchas decisiones, pareció seguir ese camino, por eso cuando el desgaste producido chocó este año con la venta de sentencias y modificaciones de medidas de coerción a delincuentes por dinero, el escandalo encontró tierra abonada.

El precio lo pagaron los jueces buenos, garantes de derechos a la gente porque el Ministerio Público le entró al sistema y, la cúpula del Poder, en vez de defender a los jueces buenos, los dejó atemorizados bajo el escarnio público.

Por primera vez en décadas, los jueces estaban en la picota pública sin la defensa de la SCJ, que también estaba bajo cuestionamiento permanente: Perdió la justicia, perdieron los ciudadanos cuyos derechos dejaron de estar garantizados por el temor a decisiones justas.

Para no encontrar justicia basta que la opinión pública o la fiscalía, sean contrarios en la jurisdicción penal.

En la Jurisdicción Civil, en lo privado, el cumulo de expedientes sin fallar, es de años, lustros y décadas, es denegación judicial pura y simple y, en ella, cuando toca intereses del Gobierno, éste y sus funcionarios, la mayoría de los cuales pide dinero para cumplir las sentencias, las desacata al no temer represalias, porque el Tribunal Constitucional mediante la TC 48/12, hizo un flaco servicio a la Justicia cuando destruyó la única herramienta útil para el cumplimiento de las sentencias, que era el astreinte: Ahora, fruto de ello, el Presidente del TC viaja por el mundo quejándose de los desacatos que ya estaban en vía de desaparecer por la decisiones acertadas de jueces por debajo de las altas cortes.

La Jurisdicción Administrativa, luego de notables avances a partir del 2007, fue descabezada en forma total; de hecho de los jueces formados para ella, solo quedan dos; varias remociones la dejaron sin unidad de jurisprudencia y eficacia, llena de expedientes en un ambiente material en que es imposible trabajar por falta de medios y, aterrados: el Gobierno, llamado a ser controlado por ella, ahora tiene el control y por eso no cumple siete de cada diez decisiones.

La mora judicial, en ella, de nuevo adquirió condición de endémica: existen cientos de casos contenciosos del 2014 y 2015, a los que ni audiencia se les ha fijado, sobre todo en materia de expropiación, que toca un derecho fundamental y conforme a las leyes 344, 700 y 108-05, es sumaria.

La Jurisdicción Inmobiliar, que en virtud de su nueva ley presentó avances hace unos años es una enciclopedia de disparates, el último siempre más notable que el anterior; en ella algunos jueces acumulan hasta una docena de expedientes disciplinarios y pocas veces reciben sanción, otros, apenas saben leer. Samana se lleva la palma.

En otras áreas, como los tribunales de familia, de tránsito y laborales, entre otros, la experiencia es similar y, lo peor de todo es que la política de premiar y castigar con traslados, se ha hecho norma y los jueces van de una jurisdicción en la que son buenos, a una de la que no saben nada, resultado: se destruye la jurisprudencia de los tribunales y se dan sentencias calamitosas y contradictorias: en casos semejantes, fallan en forma contraria.

Se habló de una Cumbre Judicial entre los que han ocasionado el problema; eso desde luego que nadie cree que vaya a ningún lado. Es desde luego lamentable, ojala pueda hacerse algo este año en que el país recibirá el oleaje del Tsunami ODEBRECHT, un tema para el cual la justicia nacional no está a la altura y, no por los jueces de instrucción, primera instancia y de cortes, sino porque no está a la altura la cúpula, en los dos brazos del cuerpo de la justicia: el miembro que persigue y el que juzga.

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