¿Gripe o resfriado? Diferencias y tratamientos

Congestión o secreción nasal, dolores de garganta, tos y fatiga, son síntomas que más de una vez experimentos al año. Pero la gran pregunta es ¿Son consecuencia de un resfriado común o es algo más serio producto de la gripe? Aquí repasamos sus diferencias y te contamos que tratamientos existen.

La gripe es una infección viral que ataca el sistema respiratorio, incluyendo nariz, garganta, bronquios y pulmones. Puede ser provocada por tres tipos de virus: influenza A, B y C. Según los últimos datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades ( CDC), entre octubre y diciembre de 2019 se registraron entre 6.4 y 9.1 millones de casos, entre 3 y 4.4 millones de visitas médicas, entre 55 000 y 93 000 hospitalizaciones y entre 2 900 y 7 200 muertes por gripe.

En EE. UU. la actividad de la influenza suele aumentar entre octubre y noviembre y generalmente alcanza su pico máximo entre diciembre y febrero, extendiéndose algunas veces hasta mayo. Para prevenirla, las personas deben vacunarse desde los seis meses de edad en adelante, una vez por año.

Entre sus síntomas más comunes se encuentran: fiebre, escalofríos, tos seca, dolor de cabeza, garganta, muscular o corporal, cansancio, sensación de malestar general, congestión o secreción nasal, estornudos, ojos llorosos, náuseas y vómitos.

En cambio, el resfriado común es una infección viral del sistema respiratorio superior, que incluye nariz y garganta. La mayoría de los adultos se resfría entre dos a cuatro veces por año, mientras que los niños entre seis y diez veces.

A diferencia de la gripe, este puede ser causado por más de 200 virus, por eso, sus síntomas pueden variar dependiendo la cepa responsable. Entre los más comunes se destacan: congestión o secreción nasal, estornudos, tos, garganta irritada y ojos llorosos. No hay vacuna que prevenga los resfriados, los cuales se presentan de manera gradual y suelen propagarse por el contacto cotidiano.

Debido a esta similitud sintomática, los CDC destacan algunas diferencias para distinguirlos:

  • La gripe es peor que el resfriado y los síntomas son más comunes e intensos.
  • Las personas con resfriados tienen más probabilidades de tener secreción o congestión nasal.
  • Los resfriados generalmente no causan problemas de salud graves, como neumonía, infecciones bacterianas u hospitalizaciones.
  • La gripe puede tener complicaciones asociadas, llegando incluso a la muerte.

Cuáles son sus tratamientos

Según informa la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos ( FDA), para combatir y prevenir la gripe se pueden adoptar hábitos saludables, junto al uso de vacunas y medicamentos aprobados.

En primer lugar, los profesionales de salud pueden administrar una prueba de detección rápida de la gripe aprobada por la FDA, de las cuáles existen 17 tipos. La mayoría de las personas con gripe que no corren un riesgo alto (es decir, no son mayores de 65 años, menores de 5 años, embarazadas o padecen una enfermedad crónica) tienen una condición leve y no necesitan atención médica ni medicamentos antivirales. Aunque, sus síntomas pueden durar hasta dos semanas.

Dependiendo la condición, se puede recurrir a ciertos medicamentos, aunque los especialistas recomiendan consultar con un médico antes de hacerlo o leer con atención las etiquetas y seguir las indicaciones, ya que pueden causar somnolencia, e interactuar con alimentos, alcohol, suplementos alimenticios y otros fármacos. Entre los más comunes para combatir a la gripe o el resfriado se encuentran:

  • Descongestionantes nasales, que ayudan a destapar la nariz.
  • Antitusivos, que ayudan a aliviar la tos.
  • Expectorantes, que ayudan a disminuir la mucosidad.
  • Antihistamínicos, que ayudan a detener la congestión nasal y los estornudos.

Sin embargo, la FDA afirma que la mejor manera de prevenir la gripe es vacunándose todos los años. Esto es necesario ya que la vacuna cambia cada año y contiene cepas de virus que se espera que prevalezcan durante la próxima temporada. La protección de la vacuna del año anterior disminuirá con el tiempo y puede ser demasiado baja para el próximo año, incluso si las cepas que circularán son las mismas.

Debido a que puede aplicarse a partir de los seis meses de edad, se aconseja mantener a los bebés menores alejados de las multitudes durante los primeros meses de vida. También se recomienda cubrirse la boca y la nariz al toser o estornudar, mantenerse hidratado y descansado, y evitar los productos con alcohol o cafeína.

Otra buena opción es lavarse las manos con frecuencia y ensañarles a los más pequeños a hacerlo, de esta forma se reducirán las probabilidades de trasmitir gérmenes a través del contacto con superficies contaminadas.

Fuente: La Opinión

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