Fórmula 1: Hamilton gana en China, el McLaren de Alonso sigue con problemas

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Tuvo que tragar saliva Lewis Hamilton antes de volver a conquistar un asfalto que le pertenece. Su repóquer en China vivió unos instantes de cuarentena tras otro error estratégico de Mercedes. Sebastian Vettel y Ferrari volvieron a estar más despiertos en los boxes con el primer accidente de la carrera, pero Hamilton solucionó a tiempo el entuerto tras un golpe de suerte en forma de coche de seguridad que reclamó el accidente de Giovinazzi. Ahí se diluyeron los temores del británico y se apagaron parte de las pretensiones del alemán. Sólo era la tercera vuelta, pero fue definitivo para la suerte final del inglés. Desde ahí hasta el epílogo, Lewis no titubeó. Tampoco encontró obstáculos. Vettel, tras bregar incluso con su compañero Raikkonen, desde la distancia, eso sí, presenció como el bólido plateado le devolvía la afrenta del primer día de clase. En otra maravillosa explosión de Max Verstappen. Tal vez la mejor. Convirtiendo en oro -tercero- su 17ª posición en parrilla. En otra mañana genial de Carlos Sainz, séptimo, que ya suma 10 puntos tras su colosal arranque. En otro día de destellos de Fernando Alonso, al que la mecánica, esta vez en forma de palier roto, volvió a dejarle por el camino, igual que ocurrió en Australia. El Mundial tiene vida y Hamilton y Vettel le hacen latir con pasión. [Narración y clasificación]

Y es que lo único inmutable durante la primera mitad de la carrera, fue la mano de hierro Hamilton. Hasta el destino le hizo un guiño cuando Mercedes, igual que en Australia, estuvo lenta de reflejos con la estrategia. Los rivales, Vettel y compañía, habían cambiado las gomas intermedias aprovechando el coche virtual por el accidente de Stroll, con el asfalto absorviendo la poca humedad que aún sobrevivía. Hamilton no movió ficha en lo que, por momentos, pareció otro error fatal. Sin embargo, una vuelta después, el Sauber de Giovinazzi quedaba hecho trizas en la recta principal. La reacción fue inmediata en la escudería alemana. El británico pasó a toda prisa por el garaje para calzarse los slicks y recuperar el pulso tras un agitado y extraño inicio de carrera.

En ese estreno, Hamilton salvó sin apuros su pole, pese al aliento siempre intenso y cercano de Vettel y Verstappen volvió a dejar boquiabierto al mundo con una remontada de videoteca. De la 17ª plaza en la parrilla a la segunda posición real en carrera, resultado de una degustación gourmet de trazadas extremas y adelantamientos sobre todo aquel que se le ponía a tiro. Raikkonen, Vettel y Ricciardo quedaron en la cuneta tras la estampida del niño maravilla. Su Red Bull acabó la clasificación 19º -partió 17º por dos sanciones de rivales- y antes de la tercera vuelta, tras un eslalon de dibujos animados, ya era quinto. Recordando que los adelantamientos en esta Fórmula 1 sí son posibles. Todo depende de quién sea el valiente. El holandés trató incluso de echarle el lazo a Hamilton pero era imposible hacer más milagros en menos tiempo.

A Vettel le tocó sufrir y ver cómo Hamilton se escapaba sin freno alguno. Taponado por su compañero Raikkonen, más lento y pesado, que no era capaz de dar caza a Ricciardo. No desesperó Seb y aguardó agazapado su momento. Fue en la vuelta 20 cuando se fugó de esa incómoda jaula y en diez vueltas alcanzó la espalda de Lewis, después de ajusticiar a su manera a los dos Red Bull. Mandando incluso un recado a Verstappen, al que un pecado de juventud le llevó a dejarle el camino despejado al Ferrari sin oponer resistencia. Un pecado que, sin embargo, no le impidió culminar su episodio más fantástico con el primer podio de la temporada (3º). Defendiéndose con uñas y dientes de los formidables mordiscos de Ricciardo. Su primer cajón desde Interlagos’16, la penúltima carrera del pasado Mundial. El primer aviso de Max.

El otro Mercedes, el de Valtteri Bottas, apenas dio señales de vida. Primero sufrió un inoportuno trompo que lo apartó de la cabeza. Más tarde se vio encerrado por rivales inferiores sobre la pizarra. Y para terminar, su ingeniero, acostumbrado a hablar en alemán, llegó a llamarle por radio con el nombre de su antecesor: «¡Nicolas!». El finlandés, sexto, sigue su proceso (lento) de aclimatación y acabó por detrás de Ferrari y Red Bull. Y del otro Mercedes, claro.

El McLaren vuelve a dejar tirado a Alonso

«Si hubiéramos tenido una pretemporada normal…», lamentaba Fernando Alonso, de nuevo con los dos pies en la tierra de forma anticipada. El motor Honda, igual que en Melbourne, se mantuvo en pie. Sin pegada alguna, pero en pie. La rotura de un palier -uno de los ejes que conecta con las ruedas- acabó con su entretenida aventura por Shanghai, cuando aún restaban 20 vueltas y en plena batalla por levantar sus primeros puntos. Alonso acudió sin complejos a esa inesperada lucha, en la que experimentó con asombro e incredulidad el adelantamiento que nunca llegaba del Mercedes de Bottas. «Fue algo surrealista». Y se lo pasó bomba jugando con su amigo Carlos Sainz.

«Nos podíamos haber llevado un puntito o dos», admitía el asturiano, al que bólidos más potentes (Force India, Williams, Haas,…) fueron incapaces frenarle. Sólo detuvo su curso la segunda avería del año, resultado de la falta de kilómetros afrontados durante las pruebas de pretemporada. Aquello sí fue por culpa del motor. Porque el McLaren sigue experimentando mientras el resto araña en cualquier rincón del planeta. Antes que él, Vandoorne, había tenido que bajarse del monoplaza por un problema con el sistema de gasolina.

Quien sí resistió, y de qué manera, fue Carlos Sainz. El primero de los mortales tras Red Bull, Ferrari y Mercedes. Arrancó el gran premio arriesgando, como un innovador, al ser el único en llevar neumáticos superblandos. Pagó el peaje inicial y llegó a verse en la cola del pelotón hasta que la pista fue secándose. Fue entonces cuando su Toro Rosso trepó con furia hasta la zona media de la tabla. Porque la zona de los puntos es ya, salvo imprevistos, su hábitat natural.

Sainz disfrutó en su mejor carrera en China, apartando incluso de un manotazo a un escurridizo Alonso. No cometió ningún error y la inercia le llevó a la séptima posición. Lo máximo a lo que puede aspirar un Toro Rosso si el destino no interrumpe el paso de ninguno de los seis grandes. Son 10 puntos en dos carreras. El refinado trazo de su mejor estreno de curso en la Fórmula 1.

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