ETA, más muertos en democracia que bajo la dictadura franquista

MADRID. España vivió los peores años de la violencia de ETA precisamente cuando celebraba el regreso a la democracia tras la dictadura franquista.

Durante años, las noticias sobre asesinatos, coches bomba y secuestros formaron parte del día a día de los españoles.

Los atentados
ETA, nacida en 1959, atacó a policías, guardias civiles, políticos, empresarios y simples ciudadanos de a pie.

Según constata el informe Foronda, de la Universidad del País Vasco, sus acciones fueron in crescendo tras la muerte de Francisco Franco en 1975.

Entre 1968 y 1975, ETA mató a 43 personas. A partir de ahí y hasta 2010 mató al menos a otras 786, en el País Vasco, el resto de España y también en Francia. Entre 1981 y 1991, la media fue de casi un muerto cada diez días.

“Era como vivir dentro de una pesadilla”, recuerda Eduardo Madina, ex diputado socialista que perdió una pierna al estallar una bomba lapa bajo su coche el 19 de febrero de 2002, cuando tenía 26 años.

“Había en mi generación una subcultura de la violencia que terminó por pensar que la violencia era aceptable. Unas 200.000 personas, 12% de la población”, pensaba así, afirma Madina.

A los ataques de ETA vinieron a responder estructuras parapoliciales, como los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación), que cometieron 27 asesinatos.

Según Foronda, un total de 914 personas perdieron la vida, el 92% de ellas en acciones de ETA y grupúsculos afines, 7% víctimas de los GAL y pequeños grupos de ultraderecha y 1% sin esclarecer.

Los secuestros

Para financiarse, ETA recurrió al secuestro y extorsión, sobre todo de empresarios, al igual que hicieron las Brigadas Rojas en Italia.

En total, 86 personas fueron secuestradas por ETA y grupúsculos afines, según el estudio Foronda de la Universidad del País Vasco, que cifra en el equivalente de 38,5 millones de euros los rescates abonados a la banda.

Algunos secuestros traumatizaron especialmente al país, como el de Miguel Ángel Blanco, concejal del pueblo de Ermua, secuestrado en julio de 1997.

España entera esperó con ansiedad el desenlace del ultimátum de 48 horas dado por ETA para que el gobierno reagrupara a sus más de 500 presos, desperdigados lejos del País Vasco.

Finalmente, el concejal, de 29 años, fue asesinado de dos balazos en la nuca.

Cientos de miles de personas se manifestaron en todo el país a gritos de “¡asesinos!”, dando inicio a un movimiento popular masivo de rechazo a la violencia de ETA, conocido como Basta Ya.

Intimidación y “kale borroka”

Más allá de los atentados, secuestros y extorsiones, imperaba un clima de agitación callejera.

La “kale borroka”, “combate de calle” en vasco, tenía por objetivo mantener a la población bajo presión con manifestaciones que terminaban en disturbios, o con explosiones destinadas a dañar cajeros automáticos de bancos.

La presión se cebaba especialmente con aquellos que se oponían a la independencia del País Vasco.

“A mí por llevar una bandera española en el puño me partieron la cara”, recuerda el senador conservador Iñaki Oyarzábal, adolescente en aquella época.

Según cuenta, a causa de las amenazas había compañeros “que se marchaban a mitad de curso sin ninguna explicación”.

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