El ¨despertar¨ de PP con su anfiteatro

Dr. Ángel Lockward   

Puerto Plata está enamorada, de nuevo tiene un encuentro con la historia y se llena de ilusión como en otros tiempos; el último de ellos hace más de treinta años, cuando mantuvo relaciones afectivas Joaquín Balaguer, cuando su amante real era Diógenes Fernández, creador y financiador de su condición de Primer Polo Turístico; la ciudad, antes, tanto en la colonia como en la república, había tenido momentos de luz y heroísmo, en particular, con Gregorio Luperón.

Este Sábado Santo, la ciudad recibe su Anfiteatro ubicado en el puerto que le da nombre, en el Fuerte de San Felipe, que guarda la triste memoria de haber servido de cárcel para Juan Pablo Duarte y último lugar visitado por las Hermanas Mirabal; es un lugar precioso que servirá de esparcimiento a la población y centro de presentaciones artísticas al más alto nivel: La Novia del Atlántico tiene sobrados motivos para estar emocionada.

Desde luego que ya no es El Pueblito Encantado de la condición de romántica bohemia a la que quedó reducida durante la dictadura de Trujillo, ni su gente habla ya el mejor español del país, tiempo en que sus ciudadanos más humildes asombraban y obtenían respeto de los acaudalados por su educación doméstica y basta cultura: Este año hasta la Poza del Castillo fue declarada, por el Ministerio de Medio Ambiente, no apta y cerrada al uso humano.

La Gente, sin embargo, sumida en la tristeza y desesperación en las últimas décadas, cuando por efecto de un pésimo liderazgo político y empresarial la zona colapsó con un saldo de hoteles cerrados, servicios públicos horribles, gran inseguridad y un terrible desempleo, está hoy alegre: sueña con que el futuro se inicie de nuevo, como debe ser, a partir de los cruceros que llegan al Puerto de Maimón y la inauguración del anfiteatro.

Inauguran el espectacular escenario siete grandes artistas criollos Johnny Ventura, Wilfrido Vargas, Fernando Villalona, Sergio Vargas, Chiquito Team Band, Elvis Martínez y Vakeró, que cubren – como si fueran sus representantes – todas las regiones del país y varias generaciones, destacan como es natural, Juan De Dios Ventura Soriano, Fernandito y Sergio, quienes siguen activos; sin embargo, resalta la presencia de Wilfrido Vargas, quien igual que los demás, llena una época, empero además, es hijo de la provincia y de sus bandas de música municipales es de Altamira.

A Puerto Plata hay que hacerle “cosas”, algunas urgentes por imprescindibles, como son las carreteras a Navarrete y la de Yasica, urgentes: son dos caminos infernales para llegar al paraíso, pero sobre todo, hay que devolverle su orgullo sobre la base de una nueva cultura que, sin renunciar al legado que recibe, sea oportuna: llevemos la serenata al anfiteatro y acompañados del sonido de las olas y su brisa enseñemos a las nuevas generaciones a cantar al amor, que eso nunca pasara de moda.

No olvidemos que la historia de la isla y, de paso, de América se inicia en esta provincia con la fundación de La Isabela, primera ciudad del nuevo mundo; poco más tarde con los planos trazados por el Almirante Colón, se construye la actual ciudad de San Felipe, única que permanece en el mismo lugar de su fundación a pesar de abandonos, despoblación y destrucción, sobre todo, que desde allí salieron: Eduardo Brito, de limpiabotas del parque, a cantar asombrando al exigente mundo europeo, Juan Lockward y Rafael Solano, los dos compositores más universales que hemos tenido y, sobre todo, el olvidado, Jaime Colson, éste último, el mejor pintor en la historia del país y de quien, todavía, no hay una calle.

La industria y el comercio, las letras y la música del país tuvieron su cuna en esta vieja ciudad de provincia, que durante gran parte de la historia republicana, acunó mejor que la capital la ciencia y las artes, que fue hogar temporal de las mentes más lúcidas y de ellos guarda memoria imperecedera en la forma de pensar y actuar de sus gentes: esta provincia, que sigue siendo para mí como lo fue para Juan, un lugar encantado, volverá a serlo para todos cuando fije como su norte, en la preparación y el trabajo, algo que logrará cuando descubra que descansa sobre una sólida base cultural e histórica, que si bien debe reescribir, jamás debe renunciarla, porque la gente y su cultura son el mejor producto turístico, mejor que las playas, montañas y ríos: Eso lo sabía el Gobernador del Banco Central que en la década de los 70 tuvo la idea y financió la infraestructura turística desde donde despegamos y cuando llegó el primer crucero, El Bohenme.

Por último, si usted no sabía el nombre de ese imberteño, esta disculpado, pero no es posible perdonar a los regidores, si todavía ninguna calle lleve su nombre.

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