Día mundial del orgasmo femenino: verdades y mentiras

Como ahora cada día del año está dedicado a una cosa, el 8 de agosto es para el orgasmo femenino, sobre el que abundan tantos mitos.

Para desterrarlos lo mejor es acudir a la fuente, las mujeres, y preguntarles acerca de él. Así lo han hecho Birchbox y Platanomelón -empresa de juguetes eróticos-, que han elaborado una encuesta entre más de 10.900. Y sí, el 68% lo ha fingido alguna vez.

¿Por qué? Casi la mitad, el 47%, lo hace para que su pareja no se sienta mal; el 31% para ‘animar’ la situación y el 37% ¡para acabar cuanto antes!

Eso si, para llegar al orgasmo las mujeres tienen claro que necesitan preliminares. De hecho, el 87% de las encuestadas los considera muy importantes y creen que que es más fácil conseguirlo a través de estimulación externa o del clítoris.

Y es que, según Monica Branni, psicóloga y sexóloga de Platanomelón, «la comunicación en la pareja, la dedicación de uno a otro y la atención al clítoris son clave» para alcanzar el climax. Además de no obsesionarse: si llega, bienvenido; si no, otra vez será.

CINCO FALSEDADES

Aparte de estas consideraciones generales, la sexóloga Valérie Tasso, escritora y embajadora de la marca sueca de juguetes eróticos LELO, ha elaborado un listado con cinco mitos sobre el orgasmo femenino que hay que desterrar de una vez por todas.

Se produce gracias al coito. FALSO. La vagina no tiene casi terminaciones nerviosas, pero sí el clítoris: 8.500.

Hay mujeres que pueden ser multiorgásmicas y otras no. FALSO. «Todas pueden serlo a poco que se lo permitan».

Depende de la pareja. FALSO. El orgasmo no lo provoca la persona con la que se interactúa, depende de una misma.

Con la edad, es más difícil alcanzarlo. FALSO. Ningún estudio científico puede asegurarlo.

La anorgasmia femenina ocurre porque hay algo fisiológico que no funciona. FALSO. En la gran mayoría de los casos se trata de un problema de orden psicológico: miedo a perder el control, falta de conocimiento de la propia anatomía, educación represiva, traumas vividos, sentimiento de culpabilidad, etc.

Fuente: El Mundo

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