El debate herramienta para una sociedad más justa

4660A9A1-1317-4A47-AA0C-3A7B00B0EB2D
PHOTO-2021-02-01-11-38-37
WhatsApp-Image-2021-02-08-at-9.49.31-AM-300x300
jd letreros
D7F4F620-7C8D-442E-BA8D-23F67C6DE63B
CD03BD4F-CF11-4707-BB99-84C9271343C4
Tienda Jiménez
Playero
8CCE2FB0-7697-4E35-809A-F381BE783317

Lee y Comparte

Shares
Guillermo Julián Jiménez | ABOGADO Y MBA
Santo Domingo

En nuestro más reciente certamen electoral, la escogencia presidencial, congresual y municipal de mayo de 2016, el 31 % de los 6.7 millones de ciudadanas y ciudadanos convocados para votar decidió no hacerlo, de acuerdo con cifras de la Junta Central Electoral.

La abstención aquí revelada supera en más de un punto porcentual el 29.77 % que informó el organismo de rector de identidad y elecciones, en relación al certamen de 2012.

Podemos obtener dos lecturas de las cifras: en primer lugar, un segmento poblacional dominicano, residente tanto en suelo patrio como en el exterior, da la espalda a los procesos electorales al considerarlos de poca relevancia para sus intereses particulares; en segundo lugar, posiblemente la clase política no logra conectar con quienes se abstuvieron de votar, porque los ausentes de las urnas no se consideran representados por las ofertas de los partidos políticos.

Sin importar el escenario en el que se ubiquen quienes decidieron no votar, la solución es clara y ha propiciado acercamientos entre la clase política de países democráticos y sus ciudadanos: el debate.

La Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios (ANJE) tiene más de dos décadas promoviendo que los candidatos presidenciales de los partidos con mayor militancia y más elevada percepción de preferencia se presenten en un debate televisado, transmitido en vivo por una cadena independiente y moderado por un o una profesional de la comunicación sin cortapisas partidarias que cuente con la confianza de los posibles participantes.

Con esto, se busca emular una buena práctica caracterizada por el sector político de Estados Unidos, donde se celebran, no uno, sino tres debates a lo largo de la campaña por ser inquilino de la Casa Blanca. La tradición se extiende también hacia un debate vicepresidencial y encuentros similares entre los precandidatos de los partidos Republicano y Demócrata.

La sociedad en su conjunto saldría beneficiada si la clase política toma esta sugerencia de ANJE y otros sectores. Estas son las razones:

Despierta el interés
Un debate entre los candidatos presidenciales, así como los de otros puestos electivos, tiene la vocación de despertar el interés de los electores, puesto que al final de cuentas, el ejercicio democrático también puede ser una atracción, un sano entretenimiento con capacidad de ocupar el “prime-time” televisivo y digital.

Por medio de los intercambios de los candidatos, los cuales son, por naturaleza, acalorados, algunos de los ciudadanos y las ciudadanas que sintonicen el debate se identificarán con algunas de las propuestas y se dirigirán a las urnas los días convocados.

Recuerden que en 2020 hay dos días electorales, el tercer domingo de febrero son elegidas las autoridades municipales, y el tercer domingo de mayo habrá votaciones por las autoridades del Poder Ejecutivo y del Congreso de la República.

Muestra al mejor
El debate entre los distintos candidatos se celebraría, como acontece en otros países, en forma de responder preguntas instantáneas, con licencia para refutar los argumentos del representante del proyecto político contrario.

Es el escenario para verificar quién es quién. Cuál candidato supera a su par en facilidad de palabra, articulación del pensamiento e ideas creativas para superar problemas.

No es que las destrezas comunicativas sean los criterios más importantes, porque un servidor público necesita condiciones multidimensionales para ser efectivo, pero su oratoria es una especie de carta de presentación que muestra sus otras bondades intelectuales.

Aquí no se trata entonces de quiénes pueden colocar más vallas publicitarias o programar más anuncios de televisión y radio, sino de cuál individuo se destaca bajo presión, cuál tiene el mejor verbo para comunicar su propuesta y cuál promueve una visión que se adecua con el bien común.

Configura la agenda
Por medio de un debate, el electorado tendrá más oportunidades de figurarse la agenda que caracteriza a cada participante, a cada candidato.

Cierto, los candidatos y las candidatas por lo general desarrollan sus propuestas en documentos que comparten por los medios digitales, pero podemos estar de acuerdo en que tratados fríos en formato PDF no nos ayudan a comprender las intenciones de los postulantes con la misma precisión con la que lo hace un debate bien organizado.

Nivela el  terreno
Sabemos que no todas las agrupaciones y estructuras políticas son iguales ni cuentan con las mismas cantidades de recursos financieros.

Pese a las asimetrías en las capacidades de impacto y alcance, el público general pudiera apreciar a los individuos que encabezan esos proyectos electorales. Después de todo, son las personas las que reciben el mandato de la voluntad popular, y no los grupos que le acompañan.

El debate contribuye con la nivelación del terreno en una actividad tan dispar como la política. Las candidatas y los candidatos con mejores condiciones pueden destacarse en estos eventos televisados, muy por encima de las capacidades y alcances de las estructuras que utilizan como vehículos para presentarse.

Si podemos resumir en una palabra las ventajas que hemos citado aquí sería la transparencia. El debate pone las cartas sobre la mesa, además de que proyecta las fortalezas y debilidades de quienes compiten para ser autoridades en los distintos niveles.

La vocación pública que tiene el debate informaría mejor a los electores, al tiempo que su vocación democrática contribuiría a la construcción de una sociedad más justa.

UNA CULTURA DE DEBATE
La acción de debatir beneficia a la sociedad en su conjunto, no solo a la clase política. La transferencia de ideas crea campo para la búsqueda de soluciones a un entorno cada vez más exigente.

De esta forma podemos edificar una cultura colectiva de debate:

(1) Equipos de debate en las escuelas y colegios. Si desde temprano los jóvenes son educados en el hábito de debatir, a la edad de votar exigirán lo mismo de sus líderes políticos, además de que tendrán ellos por igual capacidad para expresar sus criterios con altura.

(2) Fomentar la creatividad en equipo. La lluvia de ideas en las empresas, con precisión y altura, contribuye a la elaboración de las soluciones que hacen falta para hacer frente a los desafíos inminentes.

(3) Favorecer las evidencias. Cada ciudadano y ciudadana que escucha una información tiene la responsabilidad de pasarla por el tamiz de las evidencias, para así filtrar las informaciones que se basan en hechos concretos, de las simples especulaciones.

SÍGUENOS EN LAS REDES SOCIALES

 

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.