Crecen las filas por un plato de comida en Río de Janeiro, Brasil.

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@navas_mundial

Un grito estalla entre la multitud cuando la fila empieza a andar: “¡Comidaaa, comidaaa!”. Son cientos de personas desesperadas por un almuerzo digno en el centro de Río de Janeiro, una escena cada vez más frecuente en medio de la pandemia.

Madres embarazadas, ancianos, mendigos de varias edades se aglomeran bajo el inclemente sol de mediodía para retirar una vianda distribuida por el gobierno de Río. ¿El menú? Guiso de carne y pirón, un nutritivo puré de harina de mandioca.

Las personas se apiñan tras una reja de seguridad junto a una avenida, sin máscara ni protocolos de distancia para evitar la transmisión del coronavirus que causa estragos en Brasil, con Río entre los estados más afectados.

Bajo la mirada tensa de la policía, los comensales se impacientan mientras se descarga la comida de un camión.

Karen Cristina, 31, madre de tres niños y con otros dos en la barriga, obtiene finalmente dos porciones, agua y frutas.

“Estoy desempleada desde 2015. Actualmente vendo dulces en la calle y clasifico residuos”, dice a la AFP esta mujer negra y menuda, que duerme en los alrededores del aeropuerto carioca de Santos Dumont.

El año pasado recibió 600 reales por mes distribuidos desde abril por el gobierno de Jair Bolsonaro, que se redujo a 300 en septiembre y se interrumpió en diciembre.

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