El boxeo sufre otro bajón moral con la escandalosa decisión en Australia

Manny Pacquiao ha estado en esta misma posición en el pasado. Se ha visto acosado en la esquina del sufrimiento, en la calle del dolor. Víctima de un robo flagrante, el filipino se portó como un caballero luego de que el crimen deportivo se consumara en Australia con un premio inmerecido a un perfecto desconocido que responde al nombre de Jeff Horn.

Ya una vez en el 2012 Pacquiao fue víctima de una estafa colosal frente a Timothy Bradley, pero aquel era un contendor legítimo, una figura respetada y con un arsenal de peligro. No como este Horn que, adorado por 55,000 fanáticos en Brisbane, vio como le colocaban la faja de campeón en una jornada oscura para un deporte que parece no aguantar un varapalo más.

Manny no es el mismo. Las tantas batallas le han dejado cicatrices en el cuerpo, los debates políticos le roban el tiempo y su devoción cristiana le moldea el espíritu en dirección contraria a este espectáculo sangriento -y muchas veces mortal- que nace del deseo de hacerle daño al otro. Su poder se ha perdido y no gana por nocaut desde el 2009. Sus combinaciones cruzan el aire sin esa gravedad letal.

Manny no es el mismo y todavía es superior a muchos entre los welters. Quizá le alcance para vencer a un Keith Thurman o un Errol Spence Jr., pero sí para arrollar a este maestro de escuela con mucho corazón y con poco de boxeo. Que vino como una marejada en desorden y casi siempre se replegaba en el olor de los guantes del filipino en el cuerpo.

Que estos tres individuos que pasan bajo el título de jueces hayan entregado boletas de 115-113, 115-113 y, especialmente 117-111, es algo que escapa a toda lógica. Basta mirar ese noveno asalto en que el árbitro estuvo a nada de detener el combate, porque ya Horn era un guiñapo humano sentado en la esquina, incapaz de montar un contraataque, de un organizar un último gran rally.

 

Uno pudiera pensar que el Filipino fue a buscar una buena bolsa en las postrimerías de su carrera. Bob Arum, ese viejo zorro al frente de Top Rank, aseguró un enorme patrocinio de parte del gobierno australiano y al menos $10 millones para su legendario campeón, sin calcular el riesgo del potencial atraco.

Quizá a Arum tampoco le importe el resultado. Se habla de una revancha en noviembre por la cual Pacquiao podría duplicar esa cifra, mientras Horn cuadruplicaría los $500,000 de este tormentoso asunto. Ya uno no sabe qué o en quién creer cuando se trata de boxeo. Nada es lo que parece. Todo son espejismos.

Las decisiones controversiales han sido parte del tejido natural del boxeo. Los robos suelen erosionar la confianza pública, así como las peleas donde se premian a guerreros sin trayectoria al estilo de Horn. Si este hombre es campeón es solo como resultado de que le pelea fue en su tierra. Sucede que el escándalo no reconoce fronteras ni barreras morales. No se detiene ante nada.

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