Bombardeo “erróneo” de EE. UU. a las fuerzas de seguridad afganas dejan al menos 17 muertos y 14 heridos

Las tropas estadounidenses en Afganistán han reconocido que el jueves bombardearon por error a las fuerzas de seguridad afganas cuando trataban de proporcionarles apoyo aéreo durante un enfrentamiento con los talibanes en la provincia de Helmand, en el sur del país.

El bombardeo se produjo a petición de las tropas afganas, que libraban en ese momento una batalla con los insurgentes en la capital provincial, Lashkargah, explicó el portavoz de las fuerzas de EE.UU. en el país, coronel Dave Butler, en un comunicado remitido hoy a Efe.

De acuerdo con su versión, un unidad de coordinación afgana les confirmó que el área estaba libre de fuerzas amigas.

“Desafortunadamente, no lo estaba y resultó en un trágico accidente. Tanto miembros de las fuerzas de seguridad afganas como combatientes talibanes murieron en los bombardeos”, dijo Butler, que no precisó un balance concreto de bajas.

El portavoz aseveró que están investigando esta “mala comunicación” para que no se vuelva a repetir en el futuro.

El jefe del Consejo Provincial de Helmand, Attaullah Afghan, aseguró ayer a Efe que 17 policías murieron y otros 14 resultaron heridos en la intervención aérea del jueves, mientras que las autoridades centrales no confirmaron el número de víctimas ni las causas del incidente.

En los últimos meses, Washington, que mantiene su presencia en Afganistán en el marco de la misión de la OTAN de entrenamiento de las tropas afganas y en tareas antiterroristas, y los insurgentes del mulá Haibatullah han mantenido varias rondas de negociación en los países del Golfo.

El Inspector Especial General para la Reconstrucción de Afganistán (SIGAR), del Congreso de Estados Unidos, ha dejado de difundir datos sobre el control territorial en manos de las partes enfrentadas por decisión de las tropas internacionales.

En su estudio anterior, publicado el pasado enero, alertaba de que el control del Ejecutivo de Kabul había alcanzado su punto más bajo desde que se comenzó a contabilizar el dato en 2015, con apenas un 54 % del territorio en sus manos, un 12 % en poder de los insurgentes y el resto disputado.

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