Angelita Trujillo pretende revivir a través de Ramfito, sus días de grandeza

Por Miguel Antonio Guerrero.-

Si algo le pasara a Ramfis Domínguez en el intenso y apasionado ajetreo que significa un proceso electoral, la culpa recaería sobre su madre Angelita Trujillo.

La percepción que tengo de Ramfis es la de una persona buena y sencilla que ha sido empujado por su madre a incursionar en la política.

Angelita Trujillo disfrutó de cuanto quiso en el país. Fue más que una princesa. Añora esos años y cree que a través de su hijo puede reeditar los viejos tiempos.

Ramfis está lejos de la imagen de mano dura que le quieren endilgar y que él gozosamente acepta.

Sin su segundo apellido, Trujillo, fuera uno más del montón, políticamente hablando.

El apellido Trujillo no es tampoco un sinónimo de éxito en la política. Sus tíos Ramfis y Radhames tuvieron que huir del país junto a los hermanos de su abuelo meses después del ajusticiamiento del 30 de Mayo.

En ese momento contaban con todos los estamentos del poder y el apellido Trujillo no funcionó para contener el repudio popular.

De modo que Ramfis no es más que una ilusión, pero Angelita debe soñar conque se convierta en realidad y continuar su reinado truncado.

Ella es consciente de los desmanes cometidos durante la Era de su padre y que pueden quedar remanentes que odien a los Trujillo y que de ellos algunos descendientes sean capaces de querer tomar venganza contra uno de sus miembros.

Ramfis de hecho no participó en ese régimen de terror y dudo que pretenda implementar prácticas antidemocráticas, a pesar de la inducción de muchos de sus seguidores.

Como madre Angelita no debió exponerlo. Más que estimularlo, su papel debía estar encaminado a contenerle.

El afán de grandeza y de revivir épocas superadas, no debe estar por encima del amor de madre.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.