​¿Harto y Hambriento?

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Por: Ramiro Francisco

Desconocemos si el profeta se incomodó…sintió miedo de escuchar que su burra, su medio de transporte (de vital importancia en el tiempo y en esa parte del mundo) le hablara.

Acostumbrado a la soledad y a las manifestaciones raras que muchas veces nos brinda la madre Naturaleza, tal vez por eso no reparó que un animal le dirigiera la palabra y en qué tono.

El comportamiento de la burra del profeta Balaam, era raro. Nunca se había portado tan desobediente a las órdenes de su amo. Casi le cae a patadas y lo muerde.

Había algo que le provocaba ese accionar. Esa es la tarea, a aquellos lectores que van más allá de la simple escritura.

Los pueblos, buena parte de la sociedad como sucede ahora en la República Dominicana, no protestan ni salen a la calle en marchas, caminatas, encendido de velas y paradas, porque sí.

Inician con la simple denuncia mediante llamadas o notas de prensa a diferentes medios, visitas en comisión a las diferentes instituciones en busca de respuestas a los diferentes problemas que aquejan a sus comunidades y barriadas.

Cero caso, cero atención. Promesas para salir del paso. Mareos y olvidos. Así se pasan meses y años para resolver pequeñeces: calles en mal estado, falta de agua potable, derrame de aguas servidas o cloacales en las calles, grandes hoyos o derrumbes que ponen en peligro vidas humanas, construcción o terminación de escuelas, puentes e inseguridad ciudadana.

Los pueblos no salen a la calle porque sí. Hay motivos, algo que los provoca a actuar, como el algo que hacía a la burra de la historia bíblica portarse de esa manera.

Se demanda en las calles mediante marchas pacíficas el cese de la corrupción e impunidad. 

Personas de todas las edades en diferentes provincias del país, reclaman del gobierno dar un giro en el adecentamiento de la gestión pública con un NO a la corrupción e impunidad.

Con todo y las Comisiones de Etica y Transparencia, son muchos los casos de corrupción administrativa en este y pasados gobiernos que han quedado sin sanción como si de hecho no existiera en República Dominicana un régimen de consecuencias.

De ahí las marchas que con el destape del caso Odebrecht y de los varios imputados y los que faltan, se espera que haya un antes y un después en el real castigo a quienes resulten culpables sin importar partidos políticos a que pertenezcan, sepan o no cruzar, saltar o brincar en el lodo sin  enlodarse.

La burra que habló se portó mal desde la percepción inicial del amo hasta que éste conoció la razón.

Hace falta y mucha, que los funcionarios –muchos de ellos- escuchen los gemidos, el clamor, las demandas y exigencias del colectivo.

Ese colectivo que se siente harto de tantas desidias y olvidos y a la vez, hambriento de real justicia contra los corruptos.
ramiro_francisco@yahoo.com

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